Mostrando entradas con la etiqueta Bolsonaro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bolsonaro. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de octubre de 2020

Pandemia Política

La COVID-19, que apenas cuenta con 11 meses desde que se identificó el caso cero en la provincia de Wuhan en China, ha ido mostrándonos, a lo largo del 2020, nuevos indicios sobre su comportamiento, las formas de contagio, su composición, efectos colaterales y potenciales maneras de poder luchar, de forma médica, contra esta nueva cepa de coronavirus.


Lo cierto es que no sólo nos ha ido mostrando aspectos nuevos en materia médica y científica, sino también nos ha mostrado las carencias y debilidades de la sociedad y la política en el mundo. La COVID-19 nos ha remecido contra la realidad que pasa desapercibida en el día a día, o que es utilizada para fines altruistas más que para realmente modificar las bases y estructuras de nuestras sociedades.


Entre los aspectos más crudos que nos ha mostrado la COVID-19 es la fuerte ausencia de infraestructura médica suficiente, tanto que incluso los países más desarrollados han visto a sus sistemas de salud rendirse ante la presencia de este nuevo virus. Las imágenes de los hospitales rebasados en España, Italia, Estados Unidos, entre otros países, ponen al descubierto como la salubridad ha pasado a un segundo plano en las prioridades del mundo. Han pasado mas de 102 años desde la ultima pandemia letal que ha sacudido a todo el mundo, y en todo este tiempo, el desarrollo médico y las políticas de salud publica parecen haber sido insuficientes para contener el avance de la COVID-19. Esto, a pesar de que en los últimos 20 años hemos experimentado epidemias de fuerte impacto como la gripe aviar, la gripe originada por el virus AH1N1, entre otros. Sin embargo, pese a este preludio, los países del mundo liderados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no han podido trabajar de forma conjunta para tener una mejor preparación en salud pública.



Esta infraestructura de salud insuficiente ha sido más evidente en Latinoamérica dejando atrás a los países africanos. Al corte del 04 de octubre 2020, de los 10 países con mayores incidencias de fallecimientos, 5 son latinoamericanos. 


Pero, no solo la brecha en tecnología e infraestructura en Salud ha sido desnudada sino también las desigualdades sociales y económicas. Países como Brasil, México, Perú, Colombia y Chile nos han mostrado que las décadas de milagro económico en la Alianza del Pacifico han forjado una buena base macroeconómica sustentada en el crecimiento económico explicada por actividades primarias y algunas terciarias, pero que no se ha logrado crear condiciones de desarrollo económico suficiente para dar respuestas apropiadas ante una crisis mundial como esta.


Durante todo el 2020 la dicotomía que han enfrentado los gobiernos, sobre todo los latinoamericanos, respecto a la salud publica versus la salud económica de sus países, ha tenido vaivenes. Es justamente en Latinoamérica donde no solo se registran las mayores incidencias de contagio y fallecimientos por COVID-19 sino también la perspectiva sobre el impacto negativo en la economía es más fuerte; es en esta región donde se avizoran las caídas económicas mas fuertes en el mundo para el cierre del 2020.


Sobre esta base, muchos de los gobiernos han empezado a hacer cálculos políticos sobre el manejo de la pandemia. Desde el inicio de la pandemia, personajes como Jair Bolsonaro (presidente de Brasil), Andrés Manuel López Obrador (presidente de México), Donald Trump (Presidente de Estados Unidos) o Boris Johnson (Primer Ministro del Reino Unido), minimizaron los efectos de la COVID-19 y por el contrario incentivaban a que la población continuara con sus actividades económicas diarias sin detenerse. El efecto inmediato fue que se convirtieron rápidamente en los países con mayores niveles de contagio y fallecimientos por la COVID-19, y además el impacto económico posterior se empezó a sentir con fuerza en estos países.


El caso de Estados Unidos es un caso aparte, Donald Trump ha hecho gala de la peor forma de hacer política. Si antes de la pandemia, Trump ya era un personaje quien se caracterizaba por la altanería, actitudes matonescas y por un absurdo nivel de supremacía, ahora con la pandemia y a portas de las elecciones de noviembre 2020, han hecho de Trump un caso crítico de desesperación por ganar votos. A pocas semanas de las elecciones, la pandemia pasó por encima de él, y el riesgo que no sea reelecto es muy alto, motivo por el que pese a que acaba de ser diagnosticado con COVID-19, ha vuelto a salir a las calles en clara actitud irresponsable.


De esta forma, la pandemia no sólo nos ha mostrado la crítica situación de la salud pública, sino que ha revelado las peores facetas políticas de los principales líderes del mundo. Esa faceta en la que la vida de las personas pasa a un segundo plano y se prioriza el cálculo político y los intereses personales.


sábado, 27 de octubre de 2018

Entre el fascismo ultra conservador y el progresismo izquierdista



Los resultados de la primera vuelta en Brasil marcan un escenario complicado y extremo en el país carioca, y por consecuencia en la región de América Latina. El enfrentamiento es entre dos polos extremos: La candidatura de Jair Bolsonaro representando la ultra derecha fascista y conservadora que nunca ha gobernado el país, y la de Fernando Haddad del Partido de los Trabajadores, oficialista, y representando la izquierda progresista que ha gobernado a Brasil en los últimos quince años, y arrastrando consigo todos los escándalos de corrupción de sus antecesores.
Resultado de imagen para segunda vuelta elecciones brasil 2018

Estas elecciones en Brasil son históricas, no sólo por tener una elección polarizada entre dos ideologías completamente extremas, situación que nunca ha pasado de forma tan radical en el país, sino también por la influencia política, social y económica del gigante sudamericano en toda la región latinoamericana.

Durante los 90, Brasil marcó la pauta para instaurar el neoliberalismo en la región, y por siete años consecutivos, Fernando Henrique Cardoso pudo imponer y afianzar esta corriente en su país. Al principio, los beneficios económicos fueron sustancialmente positivos, pero luego la crisis económica causada por el fuerte incremento de la deuda externa atacó al país. 
Imagen relacionada

La población cansada de la crisis en que Cardoso los había metido, aunado a los múltiples escándalos de corrupción, decidió darle un giro político al país y elegir, en el 2002, a Luiz Inácio Lula da Silva del Partido de los Trabajadores, exsindicalista y representante de la izquierda progresista de Brasil. Un viraje del rumbo político que no solo impactó en Brasil, sino que significó el cambio ideológico de la región ya que su radio de influencia impactó sobre diversos procesos electorales en la región.
Imagen relacionada

Esta elección cambió la forma de hacer política en Brasil, dónde ahora el Estado tenía una fuerte intervención en la vida económica y empresarial del país. Y empresas estatales como Petrobras tuvieron preponderancia en las cuentas fiscales y en la actividad económica de Brasil. Siete años de gobierno populista hicieron que Lula sea de los presidentes de Brasil con mayores índices de aprobación mientras estaba en el cargo, esto le sirvió para influenciar la elección de Dilma Rousseff, del mismo partido y corriente, como su sucesora en la presidencia. 
Resultado de imagen para Lula da silva con Dilma

Lamentablemente para Dilma, su gobierno no fue del todo exitoso y hacia el final de su primer periodo gubernamental, los casos de corrupción de Petrobras, LavaJato, y Odebretch, empezaron a hacer mella de la popularidad del gobierno izquierdista. Logró una ajustada reelección, pero en su segundo periodo, en lugar de enfocarse en las políticas públicas y económicas del país, los esfuerzos estuvieron concentrados en luchar contra las acusaciones que recaían sobre Dilma y Lula. Tres años después, Dilma fue censurada por el parlamento ante las inminentes acusaciones e investigaciones a las que tenía que hacer frente.

Luego de la censura a Rousseff, el vicepresidente de la República Michel Temer, de centro derecha, gobernó el país, pero el escenario político no fue más alentador que lo sucedido los años previos a su gobierno, además la violencia en el país se hizo más aguda ante la crisis económica y política que vivía Brasil. Todo ello ocasionó una sensación de descontento, decepción, indignación y hartazgo de la población contra la clase política de su país, y una necesidad urgente de cambio. 


Resultado de imagen para michel temer asume presidencia
Este fue el escenario político con el que Brasil comenzó su proceso electoral del 2018 para elegir al próximo Presidente de la República. Esta campaña, empezó incipiente sin un candidato fuerte que contrarrestara la precandidatura de Lula y marcada por el proceso judicial que decidiría el futuro político del expresidente. Luego de tanta incertidumbre, Lula fue acusado y sentenciado a prisión, por lo que la candidatura “fuerte” (lideraba las encuestas, pero con apenas 14% de respaldo) de la izquierda se caía, y la campaña volvía a empezar. 
Imagen relacionada
En esta reorganización del proceso electoral, surgió un militar en reserva y que traía consigo una política conservadora de ultraderecha, totalmente opuesta a la que gobernó Brasil por quince años, llamado Jair Bolsonaro. Las propuestas de cambio en la política económica y la lucha contra lo diferente para reducir la violencia en el país calaron fuertemente, a tal punto que los electores de Bolsonaro en la primera vuelta casi llegaron al 50% de los votantes.
Este tipo de candidatos radicales siempre surgen y calan cuando las autoridades vigentes causaron hartazgo en la población. Pese a las propuestas fascistas de Bolsonaro, los brasileños no han podido discernir correctamente entre lo que significaría su elección como presidente. Si bien representaría el cambio radical que Brasil espera, también traería consigo discriminación, segregación y una amplitud de brechas sociales más profundas de las que hoy ya existen en Brasil. Además, distinto a lo que se piensa, la violencia se incrementaría de manera sustancial ante las políticas fascistas con las que planea gobernar Bolsonaro.
Resultado de imagen para fascismo en brasil
Cómo muestra de este futuro escenario complicado que enfrentaría Brasil, hoy muchos seguidores de Bolsonaro han reaccionado de forma violenta contra los grupos sociales minoritarios, siguiendo el discurso del candidato presidencial, incluso llegando a asesinar a un grupo personas transexuales bajo el lema “queremos limpiar Brasil de esta lacra”. Estos actos dan luces de los niveles de violencia que alcanzaría el país, y además de la intolerancia contenida y escondida que ha habitado en muchos grupos sociales del país. 
Imagen relacionada
Analizando los resultados de la primera vuelta electoral, los electores de Bolsonaro corresponden mayoritariamente a los niveles socioeconómicos media y alta, que viven en ciudades donde predomina la población blanca y con altos niveles educativos. Esto nos muestra que esta parte de la sociedad ha vivido reprimida en cuánto a sus sentimientos fascistas y están dispuestos a “limpiar el país” para tener un mejor futuro.
Por el lado contrario, el candidato de la izquierda oficialista, Fernando Haddad, quién quedó relegado por una amplia diferencia en el segundo lugar, alcanzó esta posición gracias a que su mayoría de votantes corresponden a las clases socioeconómicas más bajas de Brasil, y que viven en las ciudades de población negra y con elevados índices de pobreza. Claramente, a este grupo poblacional no le es relevante la corrupción de sus gobernantes, sólo que respeten sus derechos y continuar recibiendo apoyo gubernamental mediante los diversos programas asistencialistas que instauró la izquierda progresista.
Resultado de imagen para votantes de la 1era vuelta Brasil
Esta segmentación entre ambos candidatos, de cara a la segunda vuelta, ha fraccionado al país en una lucha política (Izquierda vs. Derecha), pero también en un enfrentamiento social entre pobres y ricos, entre blancos y negros, entre heterosexuales conservadores y demás orientaciones sexuales. Esta confrontación lo único que está ocasionando en Brasil es un fuerte incremento de la violencia, y podría ocasionar un retroceso en el reconocimiento de los derechos hacia la diversidad de personas que habitan Brasil, lo que significaría un incremento en la fractura social del país.
Esta segunda vuelta en Brasil es una encrucijada entre dos males distintos, uno nuevo y otro conocido. Es una elección entre el fascismo conservador de ultraderecha y la corrupción e ineficiencias de la izquierda progresista. La decisión no es sencilla, ya que ambos atentan contra el desarrollo del país. Y por la influencia del país carioca, podría macar un precedente que pudiera afectar la situación política, social y económica de América Latina.